El arte es un arma de progreso

El arte es un arma de progreso. Se puede opinar lo contrario, incluso, para reducir su influjo, se puede afirmar que la expresión artística es expresión accesoria. Es un arma de progreso porque tiene, al menos, dos cualidades únicas para ser considerada herramienta de insurrección: permite la reflexión sobre nuestra conducta ante los conflictos y diversifica el ámbito cultural donde se expresa. De la misma manera que el arte tiene atributos únicos también tiene sus riesgos, sus peligros, sus obstáculos. Si la expresión artística está tamizada por el clientelismo, ahogada por la censura, mutilada por la pleitesía, supeditada al mercado, traicionada por el narcisismo, entonces pierde todo su potencial revolucionario.

Si la expresión artística está tamizada por el clientelismo, ahogada por la censura, mutilada por la pleitesía, supeditada al mercado, traicionada por el narcisismo, entonces pierde todo su potencial revolucionario.

Una subvención puede cerrarte la boca a la vez que asumir riesgos en escena te puede cerrar vías de programación. Si piensas en la calderilla que le sacarás a una obra, estás perdido; habrás hecho mala la frase de Picasso de «vender lo que pintas». Si estás atrapado, como mosca en la miel, al subsidio público, entonces ya no expondrás lo que el impulso te dicta, por miedo a ofender o por pánico a perder el estatus económico. Si el ego, que se alimenta del aplauso cómodo y reduce las fronteras para acortar los riesgos, está por encima de la necesidad de comunicar, entonces dejarás de ser un artista para perecer en el cautiverio de la vanidad. Se desprende de esta reflexión lo siguiente: el arte puede morder, debe morder, pero la petulancia te arranca las muelas, la sumisión los caninos y el mercantilismo los dientes. Creedme, se puede dignificar la profesión sin pensar en la venta o sin censurar la creación. Vale más ser pobre libre y honesto que rico subordinado y ególatra. El honesto es rico en afecto en un mundo inescrutable, el ególatra es pobre en generosidad dentro de una gran burbuja. De estos pecados no están libres  los artistas colomenses, lo dice uno que alguna vez fue tentado y alguna otra pecó.

(Artículo  para el diari Gramenet 2:0)

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