El rito

Si el teatro pierde todo su sentido ancestral y sólo queda la forma, una imagen especular, la rutina del ruido, el sucedáneo de lo atávico, entonces que se muera el tronco podrido del teatro para renacer de nuevo con las verdes ramas del rito escénico. Eso es lo que opino de tanto postureo y de tanta perversión de la nobleza original del arte teatral. ¿Pensamos que nuestro ego está por encima de la liturgia? Que nos ahogue la bilis de nuestra vanidad entonces.

Las heces también son aclamadas por millones de moscas. Los gobiernos tiranos también son votados por multitudes. También triunfa Gran hermano VIP y muchos empiezan y acaban el diario por la sección de deportes. La cantidad no dice nada más allá de la estupidez colectiva tantas veces glorificada por el poder.

Teatro no es cualquier cosa y si hay algo ilimitado en el teatro es la imaginación, pero nada más. Teatro no es un fast food donde calmar el gusanillo de la arrogancia y si queremos asemejarlo a un manjar que sea cualquier cosa capaz de alimentar el alma y no el bajo instinto. Teatro es más silencio y menos pompa. Teatro es poca estridencia y más espacio para el intercambio, que el estridente sólo busca tener él la palabra y a base de gritos te roba la réplica, que el teatro es toma y daca, doy y recibo, expreso y aprendo, aprendo y expreso, que el teatro es imaginación y no evidencia para bobos, fantasía y no yermos campos de nula utopía. Mi garganta se seca de decir a mis discípulos, y de practicarlo con dispar acierto en el escenario, que deben aprender a distinguir la paja del grano, que no hay teatro donde la humildad se hunde en la ciénaga de la opulencia. Aún siendo aplaudida la paja, paja se queda. Aún siendo vitoreada por las masas y aclamada por la oficialidad, será paja hasta la muerte. Las heces también son aclamadas por millones de moscas. Los gobiernos tiranos también son votados por multitudes. También triunfa Gran hermano VIP y muchos empiezan y acaban el diario por la sección de deportes. La cantidad no dice nada más allá de la estupidez colectiva tantas veces glorificada por el poder. Todos sabemos que el mejor cocido se cuece a fuego lento y nunca con las infernales ascuas del triunfo rápido. Es conocido que el mejor café lo es por su intensidad y no por su caudal. A mis alumnos intento iluminar con el poder del subtexto y no con la rutina de la charlatanería y les digo que no se necesitan grandes escenarios, que es más nutritiva para la inteligencia colectiva la fuerza de la sugestión, que un palo puede ser una espada o un caballo o hqdefaultuna muleta o una barra de bar o una jabalina si el actor quiere que lo sea. No necesito poner cien retorcidos árboles en escena para ofrecer un bosque a las brujas de Macbeth, las brujas llevan el bosque en sus pasos, la noche en sus atuendos y la magia en sus miradas. No necesito poner paredes de cartón para mostrar que las cosas suceden en la casa de los Winfield, en los ojos de Tom veo las agobiantes murallas empapeladas de vinilo familiar que lo oprimen. Dame un espacio y lo convertiré en un desierto, en una cueva o en el Madison square garden, sólo con mi cuerpo deslizándose por escena dejarás de ver el linóleo de la tarima para ver el mar con sus olas. Eso es interpretación, lo demás es otra cosa y no invoquemos el nombre del teatro en vano, no lo utilicemos para nuestras aspiraciones personales y luego lo apartemos como un vulgar clínex cuando el aplauso nos eleva a las cúspides del engreimiento. El teatro nació de un rito y rito debe ser hasta el fin de nuestros días. Unos creyeron que representando al bisonte la caza sería más fructífera y nació el teatro. Surgió de una fe atávica, de un querer cambiar el devenir de los hechos, de una necesidad imperiosa de transmitir hasta el último conocimiento a nuestros semejantes. Brotó del ritual porque había que comunicar, había que mirar a los ojos a los dioses y transgredir el poder del Olimpo. Emergió del rito porque los personajes eran reencarnaciones, porque la mentira pactada se convertía en verdad esencial ¿Ahora vamos a reducir a lacerante estridencia el cimiento puro del arte escénico? Soy maestro de interpretación desde hace mucho tiempo y tengo el honor de ofrecer una escuela de teatro donde otros maestros y un servidor enseñamos el arte de la interpretación. Hemos intentado tener el mejor grupo pedagógico posible hasta llegar al momento actual. Montamos comedias, dramas, tragedias, tragicomedias, farsas, musicales y un sinfín de obras que se pueden etiquetar en lo que a uno le plazca, porque al fin y al cabo son sólo etiquetas, lo importante es que todos nuestros montajes persiguen el sello del rito. Si la gente quiere ver sólo las cosas que puede entender, no tendrían que ir al teatro tendrían que ir al baño. Esto último no lo digo yo, lo dijo Bertolt Brecht, un maestro entre los maestros.

* En el dibujo, los que quieren entender, ven un sombrero.

 

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