La prisión de celulosa

* Dedicado a todos los libros del mundo y en especial al tercer tomo de la colección de textos teatrales Carro de Baco.

 

Para que estas hojas vean la luz, para eso fueron escritas. Para que algún loco las descubra. Para que algún apasionado de la mueca las descarne, las diseccione, las exprima, las desmonte, las ponga del revés y de un lado. Para que se transformen en vida escénica. Para pasar el testigo a los actores, al director, al escenógrafo, al músico. Para eso fueron escritas. No para morir en una estantería, ni siquiera para descansar en una biblioteca. No nacieron para ser leídas sin más, aunque de letras están repletas. No nacieron para ser parte de un libro, aunque parte de un libro son. Estas hojas tomaron forma con el objetivo de ser representadas, de llegar a un público, de regalar imágenes a la realidad alternativa que el arte escénico nos ofrece. No hay buen dramaturgo que escriba para formar parte de una colección de historias perfectamente encuadernadas. El buen dramaturgo trama su fantasía para que, más pronto que tarde, escape de la prisión de celulosa y encuentre la libertad del teatro vivo.

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Que el azar entregue un destino merecido a los tesoros de este libro. Que la oportunidad aterrice en la antesala de estas aventuras yacientes en cada renglón. Que la locura de Tespis despierte el ánima latente de todos y cada uno de los pliegues carceleros de este libro.

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