El fracaso no es el fin

El fracaso no es el final de todo, sino el principio de algo nuevo, como una rama que se bifurca en busca de luz. No se acaba el sueño, con el estrépito del talegazo, más bien se diversifica para enriquecer la fantasía. Se puede caer, se puede fallar, pero abandonar… eso que no lo consiga ni la última palpitación de nuestro corazón ni el último vapor de nuestro pulmón. Da respeto, pero a la adversidad no hay que temerla, que la adversidad por sí sola es sólo un escollo y si se acompaña de miedo, es muerte o algo parecido. Que cada una de nuestras ilusiones no se pierda en el festín de la guadaña. La adversidad estuvo, está y estará, por eso no hay que atribuirle un valor definitivo. La adversidad no es una eterna derrota, es un vivero de estrategias para el progreso. Lo inesperado es el combustible que nos permite seguir jugando y dota de emoción al juego. El fracaso sólo frustra a los que temen fracasar y a los que lo empatan con la conclusión final de los hechos.

El fracaso no se justifica con excusas, que el desengaño, de esa manera, sería el parásito de nuestros anhelos.

En nuestros propósitos ya viene el fracaso implícito y los dignificamos aceptando el hundimiento; aprendemos así de sus consecuencias e inhibimos los deseos de correr un tupido velo ante la prueba a que nos somete. El fracaso no se esconde, que, si lo hacemos, seguiremos viendo la sombra de un gigante oscurecer nuestro camino y las sombras son tan relativas que menguan con la posición del sol. El fracaso no se tamiza con el adorno, que negamos entonces el aprendizaje. El fracaso no se justifica con excusas, que el desengaño, de esa manera, sería el parásito de nuestros anhelos. Al fracaso se le mira a los ojos como al todopoderoso, desde el árbol del conocimiento, contrarrestando su influjo represor. Al fracaso se le concede un baile para convertirlo en íntimo aliado.

Tengo el enorme placer de jactarme de mis fracasos, eso me hace humano, vulnerable, receptivo, algo torpe… y desconfío de los que admiten no conocer el descalabro en sus proyectos, desconfío por falaz, desconfío por creído. El éxito y el fracaso no son las dos caras de una moneda, son la moneda. Caída y auge se complementan y la una sin el otro no son. Si al subir no se cae o al caer no se sube ni se toca el suelo ni se llega a la cumbre.

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