Realidad ficticia, ficción real

La realidad vigente es tan unilateral, tan tendenciosa, tan manipulable por las élites y tan bien digerida por los idiotas que es necesario fabular. La realidad es como una ficción desprovista de imaginación, sólo una, sólo regida por las normas, sólo construida por lo políticamente correcto, sólo tergiversada por el interés de los que quieren mandar más y el servilismo de los que visten harapos creyendo lucir seda. Hay que darle la vuelta a la realidad, hay que derrocarla, hay que someterla al régimen donde gobiernan los sueños de los locos, hay que subyugarla a la magia todopoderosa de los prestidigitadores de la creatividad, hay que supeditarla al mandato de la ficción. Cuando la realidad alcanza sus límites, la ficción se pierde por fronteras incalculables. Cuando la realidad es rígida y estricta, la ficción se multiplica, se bifurca, se escinde y se funde, se inventa y se reinventa. Es para entender la realidad que el ser humano fantasea. Simulando lo real se hace conciencia y se toma partido.

Habitamos en una realidad ficticia, fabricamos ficciones profundamente reales.

Cuando enmarcas una foto, la estás resaltando. Si enciendes una bombilla, en la madrugada, tienes luz, pero no hay luz sin noche. Como el cerco de un marco, o como el crepúsculo al atardecer, funciona la ficción. Por eso fabulamos por los siglos de los siglos. Por escrito o a viva voz. Con las emociones o con la razón. Con la expresión del cuerpo o con el tañido de un tambor. Ideamos historias para llegar donde la realidad no llega: un final justo, un premio merecido, una redención oportuna, una disculpa a tiempo, un reconocimiento catártico. Inventamos tramas paralelas a la existencia para cambiar el sentido de la misma, para corregir sus errores, para purgarnos, para contrastar los hechos y destacar las causas. Diseñamos aventuras para ejercitar nuestra empatía, para reírnos de nuestra miseria, para proyectar nuestros miedos. No hay realidad sin ficción y no hay ficción sin realidad. Los límites se confunden en los dominios del fabulador que confabula contra la aburrida corrección. Desde que un antepasado pintó ciervos en la roca ya no podemos vivir sin las aventuras que inventamos, para evadirnos o para enmendarnos, para dotarnos de herramientas que nos acompasen con la vida en sociedad, para canalizar nuestro talento o para manejar los hilos que mueven a los héroes de nuestra fantasía. Habitamos en una realidad ficticia, fabricamos ficciones profundamente reales.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s