Dudo

Dudo. Por más que quiero cambiar las sensaciones la duda va por delante. No sé si es bueno o malo, pero ante la posibilidad de lanzar la piedra del ajusticiamiento la duda me acorta, me encoge como a un cardador. Otras veces he sido más directo, más lanzado y no he puesto medidas a los límites entre lo deseable y lo justo. Rememoro al príncipe de Dinamarca, soportando el peso de la duda por los pasillos de Elsinor. Sí, su tío mató a su padre. Sí, él es el legítimo heredero. Sí, merece, su tío, la hoja de la espada penetrando en el pecho, pero… ¿eso sería justo? Sabemos todas esas maldades de Claudio, pero… si no se aplica la justicia de la toga… ¿la daga debe pasar a la acción? Todo esto es muy complicado. La conciencia colectiva, corrompiéndose, acude al show de la sangre como alternativa a un mundo de desproporciones. El linchamiento on line se justifica porque se hace contra los malos, pero la búsqueda del equilibrio se transforma en morbodeluxe. Si alguien nos difama exigimos pruebas y si difamamos a otros, prescindimos de las pruebas, apoyados en la contundencia de lo que parece evidente. Dudo. Dudo, por eso callo, por eso hago quiebros con el pensamiento, por eso me mantengo equidistante ante polos opuestos que pugnan por fagocitarme hacia un lado o hacia el otro. Así, Tom Wingfield, se debate entre dar rienda suelta a sus pulsaciones o mantenerse al lado de su desvalida hermana y como los extremos lo intentan absorber se mantiene con la equidistancia de un gato: ni sí, ni no, ni bien, ni mal. Me hago el escurridizo ante el furor de las masas. Ya sé que Frankenstein lazó a una niña al agua. Ya sé que el soldado disparó el fusil que mató a una madre embarazada. Ya sé que en la vida hay Claudios declarados y hay incautos que parecen Claudios. Sé tanto de algunas pocas cosas que nada se esconde ante la duda irrefrenable. Por un ser querido empuñaría el machete, como otros estarían dispuestos a utilizar el machete contra los que utilizaron el machete contra sus seres queridos. No sé, prefiero dejar el fallo en manos de la razón. No sé, entre el grito del deseo de justicia rápida y el lento susurro de la voz capaz, o no, de disipar la duda, me debato ¿Os acordáis de Marlon Brando en The Chase? Hoy lo recuerdo con más claridad que nunca. Lo que soy o lo que se espera de mi para ser aceptado por la forma de lo auténtico. Cabeza fría o corazón caliente. Titubeo o certeza. Ser tú o que sean por ti. Dudar es temer, pero es temible, también, que la duda no equilibre las pasiones.

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