Te morirás de hambre

Te vas a morir de hambre. Inanición. Si te quieres dedicar al teatro morirás por ausencia de sustento. Llegados a estas fechas y a esas tiernas edades donde las pasiones son fácilmente maleables algunos maestros, por darles un nombre, explican a sus alumnos que el arte dramático no es profesión fiable para ganarse la vida. Quizá con eufemismos de pseudopedagogo cobarde inducen a sus discípulos la importancia del dinero y aseveran que el teatro no traduce los huecos de la cartera en billetes contantes ¿Y la felicidad? ¿Qué pasa con la realización personal? No te confundas comediante, cuando acabes desharrapado, bajo un puente, te lamentarás de no haber escogido una profesión de apetito materialista y ya será tarde, serás viejo, pobre e inútil. El oro es más importante que ser crítico contra su brillo y la desproporción que causa. El dolar es lo primordial sin importar cuántos mueren por él, contra él, sin él y a pesar de él. Nacimos para conquistar la moneda, no la sabiduría. Educación financiera. Pon un cerdito con ranura en tu vida. Déjate explotar por los bancos, ahógate con una hipoteca y no seas tan idiota como para que el romanticismo de convertir la vocación en riqueza, emocional, vivencial, social, domine tu razón. La salud es lo de menos, con dinero te podrás pagar una buena mutua. Serás un rico frustrado, pero podrás calmar tu ardor con sucedáneos, con aventuras impostadas, con mentiras pagadas. Tus deseos serán engañados con la droga de las divisas. Cuando te escueza la llaga te podrás decir, para tu tranquilidad, ‘mejor con esta herida en el estómago que desnutrido en el arrabal’. Cuando la llamada de la pasión toque el timbre le darás una limosna, cuál cigarra, y le dirás algo así: ‘si hubieras trabajado para ganar dinero…’ No te apures, tendrás coches, amantes, casas, ahorros. Serás una persona envidiada y reputada, podrás anunciarlo en facebook cuantas veces creas, y si, en sueños, rememoras los sueños incumplidos, el despertador te retornará a la realidad para acudir allá donde haya plata con la que podrás comprar el silencio de tus arrebatos. Reprímete y haz lo que los demás quieran de tí, lo que tus maestros te digan en la escuela, aún desbaratando tus anhelos, lo que tus padres te dicten guiados por sus propios miedos. No seas tú, hazte por fuera un rico resplandeciente y por dentro controla tu bilis con bicarbonato. Cómico, te morirás de hambre como éste que escribe, que apenas puede teclear por la debilidad de la penuria, como muchos de mis admirados compañeros que decidieron deambular, como míseros muertos vivientes, en este lado de los apestados bohemios. Te morirás de hambre si escoges lo que quieres y quieres los que escoges y con esos pensamientos nada cambiará, lo que es un alivio para las mentes conservadoras. Seguirá habiendo más dinero para la guerra que para la cultura. Seguirán habiendo generaciones perdidas de talentosos artistas que no podrán enriquecer a su país, porque éste los habrá desheredado. Seguirán habiendo ejércitos de personas que clausurarán sus deseos con diazepan. No habrá reflexión, ni critica, ni empatía, porque cuatro monedas de cobre las habrán sepultado. No se trata de sustituir realismo por fantasía, de presentar una sensación confusa de los hechos con proyectos impracticables, se trata de cambiar la tendencia del atenazado pensamiento y hay que hacerlo desde las escuelas, desde la base misma de la formación. Hay que transformar ese ‘te morirás de hambre’ por ‘haz lo que el corazón te dicte’ sólo así convertiremos el potencial de los jóvenes en una energía imparable de progreso.

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