No te olvides, memoria

Imagino un silbido.

Al  principio es de anárquica melodía, pero después va tomando forma. Tosca. La romanza donde, Cavaradossi, exalta las bondades de su amada, Floria Tosca.

‘Recóndita armonía de belleza diversa. Es morena Floria… la ardiente amante mía! Y tú, belleza desconocida, coronada de rubios cabellos… Tú tienes ojos azules… Tosca los tiene negros…’

El silbido es lejano y se escucha entre la bruma. Yo estoy allí, escondido, en lo que parece una playa de una costa cualquiera. La barca con la que pretendía huir, por el exceso de peso y la furia del mar, se partió en mil pedazos contra las rocas. Todos caímos. Caí. Cayeron mis padres y cayó mi hermana. El resto, hasta llegar a las dunas donde ahora estoy, fue por obra y gracia las olas. Los cuerpos inertes del naufragio pueblan la extensa playa. Niños. Madres. Personas. Futuros truncados por la barbarie. Algunos hemos resistido al azote del océano, pero la oscuridad de la noche, la niebla y el miedo a ser descubiertos, no me permite hacer un sondeo de los supervivientes. Acierto a ver a mis padres. Sus cuerpos inmóviles reposan al costado de un manglar que los refugia, inútilmente, de la virulencia del viento. La sal quema en los ojos y la gélida noche hiela los tuétanos ¿Dónde está mi hermana? No debo moverme para no ser visto, pero tengo que buscarla. Los menores somos un plato demasiado apetecible para las fauces del lobo, en especial a la temprana edad de mi hermana. Noche de depredadores obrando impunemente. El silbido se acerca. Es firme, autoritario, propio de un chacal inmune al veneno de la noche clandestina. Es de un tono criminal exento de presión por su oscura esencia, como si las dunas destilaran una justicia de doble rasero donde unos pueden hacer y deshacer a su gusto y otros deben acatar, sumisos, la ley de la desproporción. El silbido multiplica su intensidad y persiste en la neblina de la cala. No conozco la melodía, pero años después la sabré identificar. Cavaradossi, un pintor, ama a Tosca, una actriz, y le canta su amor comparándola con el retrato de una dama que está dibujando. Por más que insiste, la realidad supera la ficción y Tosca, la mujer amada, supera en todo a la mujer imaginada en el óleo. Allí, en medio de la noche, la realidad, también, supera la ficción, como en Tosca. Me hablaron de la injusticia, pero nunca la pude imaginar con tanta desmesura. Nos hablaron de la pena, pero nunca creí que pudiera ser de infinita raíz. Tras el silbido suena el llanto pre-grabado de una muñeca. Es inconfundible. Es la inseparable amiga de trapo de mi hermana. El grito tierno de una niña, delatada por su juguete, emerge de la nada. Un grito leve, pero dilatado a lo largo de las dunas y la oscuridad nocturna. Está viva. Mi hermana está viva, pero, Dios santo, la han atrapado para siempre ¿Salgo? ¿Salgo, allá donde la luna ilumina, al rescate de quien necesita mi ayuda? ¿Salgo y me expongo? ¿Permanezco, agazapado, lejos de las garras del mal? No la volveré a ver. Será lo último que sepa de ella. Mi vida se truncará para siempre. Respiro,  pero estoy muerto. Sólo me queda esa melodía, esa armonía recóndita, penetrando en el cerebro. Pasarán veinte años hasta volver a enfrentarme a mi pasado. Pasarán veinte años hasta ver como verdugos y víctimas acabarán cohabitando como el viento y el fuego. Unos, con el silencio, querrán conquistar una suerte de paz que los aleje del delito. Otros, como será mi caso, mientras el silbido de la tragedia quede atrapado en la cabeza, escogeremos mantener viva la llama de la venganza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s