La última luciérnaga

¿Qué día es hoy, Setsuko? No te borres de mi memoria. No dejaré que el hambre ciegue el recuerdo con su niebla eterna. Papá, vendrá. La guerra marchará. Volveremos a jugar juntos bajo un nuevo Sol. Ya no habrá bombas ni humo ni gases ni fuego devastador. Ya, los seres humanos, abandonarán la metralla y volverán a regar la flor en lugar de arrollarla. Regresará el calor del sol y el agua del rio, sin terciopelo rojo, resbalará, camino del mar, al ritmo de la dulce voz de Amelita. Hambrá tempura y arroz a raudales y la parca no se nos insinuará a cada segundo. Cambiaré tus cenizas por la luz de una luciérnaga. El horror no puede ser perpetuo y nuestro amor emanará sobre la desdicha. Volveremos a nuestro dulce hogar y tú no apagarás las pupilas, en un destartalado búnquer, junto a tu muñeca de trapo. No volverán a tornarse moradas tus cuencas y las costillas dejarán de marcarse en tu piel. Un nuevo Sol nos espera y los que lanzaron las bombas, los que negaron el pan a los infantes, los que estuvieron en la contienda por el oro y dieron alas a la injusticia, responderán ante la historia. Descansa Setsuko, Seita está a tu lado. Ya se adivina un rayo de sol y la noche se ilumina con candelas voladoras. Cierra los párpados. Duerme. Escucha la voz afable de Amelita anunciando el dulce hogar. Te quiero, hermanita.

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