Arteficio

Cuando un señor primitivo pintó un mamut en la roca lo hizo para cambiar la realidad. Puso todo su talento sobre la piedra con el fin de proyectar el éxito de la caza del día siguiente. Inventó, entonces, una realidad alternativa, una ficción con aspiración a cobrar vida. Una reencarnación pura y dura. De otra manera no veo, no puedo ver, la esencia artística. Se puede poner un punto negro sobre un lienzo blanco. Se puede inventar un final sorprendente en una trama inverosímil. Se puede pisar escenario y seguir una fórmula matemática para provocar la risa, para poner un gesto técnicamente depurado, en un momento preciso, perfectamente medido. Se puede dar gato y celebrarlo como si fuera liebre, pero todo el maquillaje del mundo no podría travestir la superficie por el fondo. Reencarnar es otra cosa. Dejarse la piel es otra cosa. Ofrecer un ejercicio de liturgia, de exorcismo, de catarsis, de comunión, es otra cosa. Pompa y honestidad tienen atributos antagónicos. El creador que piensa que su rúbrica justifica la obra, nos está estafando. El creador que, insultando a sus seguidores, se regocija cuando brilla en la oscuridad, no es más que luz de luciérnaga a pleno sol. El creador que teme el riesgo del fallo y produce con papel carbón para no fallar, no es creador, más bien lo podríamos tildar de farsante. Hubo, hay, muchos casos donde unos cardaban y otros guardaban, por eso no me seducen los relatos oficiales. En el rincón más insospechado se encuentra el talento, lejos de la muchedumbre y del ruido de la pólvora. Hay que saber ver y no temer al dedo que te señala, que te tacha de raro. Hay que sobreponerse a la moda, a la ignorancia, a la oficialidad, a la fastuosidad. Hay que superar el miedo de morar fuera de la norma y no hacerle ascos al error ni al fracaso. Caminar con zancos para simular envergadura no te hace más alto y por la noche, con los aparatos fuera, tu estatura vuelve a la realidad. Menguas como crece la frustración. Llamadme pedante por pregonarlo u oportuno por señalarlo. Llamadme cabal o resentido según el cristal con que miréis, al fin y al cabo no conozco ojos que no miren sin la interposición de un vidrio de un color u otro. A pesar de los pesares seguiré reivindicando una posición honesta, transparente, comprometida, arriesgada y progresista para el arte. Seguiré echando cemento al mortero que debe levantar una lápida a la banalidad del oficio artístico. Llamadme mesiánico o iluso. Llamadme pertinente o chismoso. Llamadme sádico si duelen mis palabras o cabecilla si las queréis utilizar como lanza.

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