Como una semilla esperando agua

Editar teatro. Inmortalizarlo en el papel. Ese es nuestro afán año tras año. No está de moda, no es rentable, no encuentra adeptos ni mecenas ni demasiados osados que hagan primar la necesidad por encima de los números. Aún con ese panorama tortuoso, donde la hermana despreciada de la literatura llamada dramaturgia yace en la cola de los más olvidados de entre los olvidados, nosotros, a nuestra escala, dejaremos la huella de los autores teatrales sobre el papel, para que alguien, hoy o mañana, lea y decida darle luz escénica. Para que alguno, mañana o pasado, recuerde aquella obra que fue aplaudida en tal momento o desdeñada en tal otro, que ni el éxito es el todo ni el fracaso es el fin. Editaremos para que el Alzheimer de las artes escénicas no despinte las cuartillas anotadas con el propósito de recrearse en escena. En el papel, la creación literaria, permanece viva, en latencia, como una semilla esperando agua, tierra y luz. En el papel la obra duerme plácidamente hasta encontrar alguna mano traviesa que la despierte. Pasarán gobernantes por decenas de gobiernos sin advertirlo, porque el teatro escrito no interesa, ni aumenta la notoriedad ni da dinero ni guarda silencio. Pasarán generaciones motivadas por el fast food cocinado en las televisiones o las redes, despreciando el lento horneado de la negra tinta sobre la blanca celulosa ¿Qué hubiera sido de Hamlet, de Vania, de Lisístrata, de Medea o de Argán? ¿Qué hubiera sido de tantos héroes perdidos y de tantos perdedores heroicos?  ¿Qué hubiera sido de tanta magia, de tanto talento, de tantos personajes, de tantas situaciones, de tanto teatro si no se hubiera eternizado por una imprenta? Por eso, a contracorriente quizá, desafiando la norma quizá, clavando el aguijón en la garra del censor quizá, editaremos teatro mientras la savia de la estilográfica no pierda su color y espesura. Para que la literatura dramática perdure en el tiempo. Para que se lea, se intercambie, se invente, se proyecte y se ejecute en cualquier rincón del Universo, editaremos.  Del papel salieron y al papel fueron tantas imágenes que los ojos se escuecen de emoción al recordarlas: Hamlet habla con Yorick, Masha se aferra a la casaca de Vershinin, el grande se quiere comer al pequeño con la ayuda del mediano, Vladimir y Estragón esperan, Stockmann advierte de los peligros del agua del balneario, el enfermo imagina sus dolencias, Brick ataca con una muleta a Margaret, un asnero reclama la sombra de un burro a un dentista, la señora Carrar desentierra los fusiles, un anarquista cae por la ventana, Paulina cree reconocer a su violador, una calva canta una canción, un casamiento se cubre de sangre y tantos mundos que me dejo y tantos otros que quedan por ver vida.

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