Puedo vivir en vidas que agitan el mundo

Hace poco quisieron humillarme y escarmenté al agresor. Días antes me propuse vengar la abrupta muerte de mi padre a manos de mi tío. Quise escribir una obra maestra de quinientas ochenta páginas mientras caía en el colchón infestado de un viejo burdel. Supe que las aguas del manantial estaban contaminadas y luché por dar a conocer la verdad, pero los intereses económicos forzaron mi rendición. Muchas cosas han pasado y muchas siento que han de pasar. Hice volar a Franco en cien pedazos durante la guerra civil. Cerré los ojos cuando mi esposa ajusticiaba a su violador. Puedo hablar de todo esto, puedo confesarme sin temer represalias ni vendettas ni cárcel ni sermones. Puedo decir que he sido, soy y seré, héroe y villano. Puedo presumir de tener nueve mil vidas. Me acosaron tres fantasmas en la noche y me hice bueno. Me escupieron por el color de la piel, la condición sexual y el género y tomé el rencor por bandera. Soy lo que quiero ser, lo que descubro en el trayecto, lo que imaginaré y lo que el destino me deparó. Dispararé dos tiros, con yerro, a mi cuñado, por robarme la vida. Traicionaré a mi mentor con un puñal en la espalda y me autoproclamaré, a lo Guaidó, sucesor de Roma. Dediqué a platea unos cuescos pero no pude salvar la vida de Carmela. Venderé mi cuerpo a pedazos para dar de comer a mi hija. Puedo hacer esto y lo otro porque sé vivir en varias realidades simultáneas, porque vivo en vidas múltiples y contradictorias, en vidas que dudan, que sufren, que pelean, que se rinden, que se levantan, que agitan el mundo. Los hay que sólo viven la misma rutinaria existencia de todos los días. Los hay que nacen, crecen, se reproducen y mueren como cucarachas. Los hay presos de la monotonía que deambulan muertos. Yo soy de una manera y si no me conviene puedo ser de otra porque me nutro del cambio, de la mutación, de la metamorfosis. Por la mañana soy verde y por la tarde violeta. Cambiarme los zapatos me hace reflexivo, dubitativo, relativo, empático. Mutar de piel me hace impredecible a la par que ingenuo. El imprevisto va en mi agenda ocho días a la semana. Gustosa penitencia estoy pagando por afiliarme al partido de Tespis.

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