¿Quién gozará de ánimo sin nuestras comedias?

Tocados, pero no hundidos. Llegaremos al nueve en el recuento, pero en el diez ya estaremos arriba y asestaremos un golpe certero. Alcanzaremos el momento último donde uno se reduce a cenizas, pero habrá carburante para remontarnos como un ave al surcar el azul del cielo. Privarnos de las caricias a nosotros que somos de contacto. Arrancarnos el hilo que nos une al público a nosotros que somos de tejer tramas. Obviarnos en vuestras tertulias a nosotros que os habremos de devolver la alegría. Renqueando, pero con infatigable sonrisa. Dando tumbos, pero no tumbados del todo. Nos espera una oscura travesía que hará que enfaticemos nuestro oído y que agudicemos el olfato. Aguardan tiempos difíciles que pondrán a prueba nuestra habilidad para mutar. Pintan bastos, pero nos bastamos para exprimir el jugo de la incertidumbre. No nos deis, no nos demos, por muertos que un pulmón encogido se infla con vientos nuevos. No esperéis, no esperemos, la mano de un padre político atada por la estadística y la finanza. Emancipémonos. Nos han traicionado, nos estaban traicionando, nos traicionamos si olvidamos el sentido de nuestras encarnaciones. Les fuimos útiles para sus celebraciones, para despertarles emociones, para construirles realidades alternativas, pero ahora, antes también, somos los últimos de su lista. Son idiotas, porque imaginan un mundo sin nuestro efecto. Somos idiotas, porque esperamos una migaja que no arranca del pan. El mundo se ha embrutecido al no entender que en un serpentín la pieza que cae tumba al resto, incluso a la que está en el extremo opuesto. Somos temerarios cuando no comprendemos que de pólvora estamos hechos y que al consumirnos propagamos el fuego. Sin nosotros no hay vida y sin la vida nosotros no encajamos. Incorpórate si estás en el suelo. Abre los ojos si los tienes cerrados. Grita si tienes encogida la garganta. Hemos de estar preparados para reiventarnos, porque si no lo hacemos nosotros, cuyas herramientas son de la materia de la imaginación, ¿quién podrá hacerlo? ¿Quién tendrá alimentada el alma si no nos rehacemos? ¿Quién podrá retomar la marcha sin poesía? ¿Quién gozará de ánimo sin nuestras comedias? ¿Quién sabrá cuando hay que alzar la voz sin nuestras fábulas? ¿Quién podría vivir en la realidad si no pudiéramos rubricar la vida con nuestras ficciones?

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