Cuando le arranco el ojo al que arrancó un ojo, otro ojo mira mi ojo.

En Santa Coloma de Gramenet, como en muchas otras ciudades, el tiempo retrocede a la edad media por poner un crudo ejemplo. Observo en esta ciudad, multicultural y políglota, como quiere triunfar el hierro con el que se mata al hierro. Volvemos, por momentos, al oeste, al rifle, a pagar con rojo espeso el espeso rojo. La ultraderecha amenaza con arrasar. El pensamiento, y la acción, fascista levanta la mano con todo el odio que la caracteriza. Los acentos diferentes son enemigos en vez de toboganes para deslizar la imaginación. Los tonos de la piel no son inspiración en una paleta multicolor de artistas pictóricos regocijados en la mezcla. Lo diferente inspira amenaza cuando debería activar la necesidad de conocimiento. Han aniquilado la razón y nos han reducido a seres atávicos asustados con nuestra propia sombra. En Santa Coloma, como en muchas otras ciudades donde, contradictoriamente, el mestizaje se opone a la convivencia, algunos pagan cada ojo con un ojo y cada diente con un diente. Me avergüenzo. No sabemos proyectar esa soltura, ese travestismo de capa y calzón, esa gallardía de verdugos con falsa apariencia de víctimas, hacia las verdaderas desproporciones: las guerras, la corrupción, las rodillas que asfixian seres humanos, el estómago vacío de un niño. Somos poderosos, en manada, para linchar, si es de otra etnia con mayor desparpajo, a una persona en inferioridad de condiciones, actuando de semejante manera que hiciera el linchado contra otro ser indefenso, retroalimentando una espiral de violencia. Somos héroes de la nada mientras nos dejamos explotar, mientras mendigamos derechos y aceptamos mierda, mientras en los actos necesarios nos apocamos cual cardador ante el dedo de un niño.

Vaqueros crepusculares, valedores de la porra, miserables de camisa parda, patrulleros de pacotilla, defended el pan de vuestros hijos con dientes afilados contra los que os roban el bienestar y no juguéis a ser unos Starsky y Hucht cualquiera con el punto de mira empañado. Apuntad el dedo contra las causas y no contra las consecuencias, si no queréis engrosar la larga lista de idiotas de aquellos que hacen despistar los hechos con una zanahoria, prendida de una caña, en vuestros hocicos. Valiente escuadrón de hipócritas que cambia del “nada hicieron a mucho merecen” si los que pegan son más blanquitos o más morenos. Valiente corporación de salvapatrias que levantan la porra y agachan los argumentos, que te dicen que la víctima podría ser tu madre y se olvidan que los hermanos del que agreden podrían dar por bueno el argumento y acuchillarte el vientre a medianoche.

La justicia por tu mano no es justicia, es ajusticiamiento. Por más que se parezcan las palabras, son diametralmente opuestas. Por más que pongas sal, del agua no harás agua de mar.

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