Vacunarse o no

Cualquiera que vea un sírfido, si desconoce la evidencia científica, debe pensar, sin lugar a dudas, que es un himenóptero en vez de un díptero. Dicho de otra manera: hay una suerte de moscas que parecen avispas. Podríamos afirmar, según lo que nuestros ojos ven, que estamos ante el inminente ataque de una venenosa avispa y por mucho que un entomólogo nos pida tranquilidad, el miedo se nos habrá metido en el cuerpo temiendo un aguijonazo. Obedecemos más a nuestras emociones, a nuestros miedos, a la trampa de la retina, que al conocimiento. A veces, no es así. Es cierto. Cuando conocemos bastante una materia, cuando nos formamos con la evidencia científica como patrón, cuando aprendemos del conocimiento heredado, entonces obviamos intereses, emociones, desinformación, ruido, supersticiones, creencias y anécdotas hechas argumento. También se puede apelar al conocimiento sin ser experto en la materia simplemente confiando en los que más saben, los que más y mejor se han preparado para ofrecer evidencias. La verdad es otra cosa. La evidencia surge de una hipótesis con un marco teórico sólido y una base empírica lo suficientemente representativa. Digo que la verdad es otra cosa, porque como diría Aristóteles «ni se alcanza, ni se está totalmente alejado de ella». Aparecen, con el tiempo y la perfección de los métodos, conclusiones que desfasan algunas evidencias y nos acercan más a la verdad. De ahí que la ciencia se fortalezca con la duda constante, con la posibilidad de refutar argumentos o con el poder de la discrepancia. Hay unanimidad entre los científicos en que el agua hierve a los cien grados, pocos, diría que ninguno por categórico que parezca, dudan de esa afirmación. Confiamos en los datos arrojados por la ciencia y mantenemos, incluso los neófitos, que el agua hierve a los cien grados. Si alguien duda de esa aserción puede intentar demostrar lo contrario y procurar divulgar los estudios que lo corroboren en los canales de publicación científicos adecuados. Sin estudios, sin publicación, sin revisión por pares, sin abrirse a la refutación, no hay evidencia y sin evidencia, desde el punto de vista de la ciencia, hay ausencia. No se puede sostener que el agua no hierve a los cien grados centígrados, aunque se proclame en facebook, aunque se abra un block que revele la gran mentira del punto de ebullición del fluido cristalino o aunque lo pregone un premio nobel a los cuatro vientos. Desinformación que se diría. Aunque veamos una avispa, oigamos su aleteo, sintamos el miedo que se experimenta con su proximidad, lo que hay es una mosca. Una mosca que ratifica la biodiversidad del ecosistema, que ayuda a la polinización y que en su estado larvario se alimenta de pulgones, desactivando su función parasitaria, como los anticuerpos desactivan antígenos. Por eso tengo confianza en los centenares de miles de científicos que han ofrecido sus estudios y conclusiones sobre la vacunación del SARS-CoV-2, porque nos muestran evidencias cimentadas en conocimientos, capacidades y empirismo. La negación de la vacuna, hoy por hoy, parece más un acto de fe que de conocimiento. Los casos concretos son información débil si no se ponen en una muestra significativa. Los miedos, propiciados por la torpeza y contradicción política de los diferentes dirigentes, por la tendencia a la polarización de la sociedad, por algún vacío científico sobre un virus desconcertante, por barajar los derechos humanos con la emergencia sanitaria, recrean una sensación conspiranoica con la que se cae en absurdos como vislumbrar el complot unánime de millones de políticos, médicos, virólogos, epidemiólogos y periodistas supeditados a una élite manipuladora. No hay una élite, eso es más propio de distopías metafóricas, hay élites en plural. Élites que se autorregulan entre ellas, porque son competencia unas de otras. Élites con poder para desmontarse entre sí ante cualquier conjura. Élites cuyo tótem es el capital y no se pueden permitir que el enemigo tome el control con el pánico a falsas pandemias. Especularán, cada uno desde su parcela, todo lo que puedan y harán de nosotros su carroña con un método de control masivo llamado móvil, donde abunda el ruido, la charlatanería, las cookies y del que no se conocen templados ni negacionistas. Confío en la vacuna como método de inmunidad colectiva, pero también creo que vendrán mejores remedios cuanto más se pueda optimizar la investigación, entretanto me aferro a la esperanzadora evidencia. El bosque se aprecia mejor desde arriba y la reducción al blanco o negro nos baja a lo más bajo del sotobosque. Es difícil razonar cuando el reduccionismo se viste de gala en una fiesta donde vencen las emociones. La cucharilla se adhiere al hombro ¿imán o grasa cutánea? Qué no cunda el pánico, lo que está delante tuyo no es una avispa, es una mosca. Ni la avispa te tiene porqué aguijonear ni todas las moscas son buenas, pero obviar las evidencias ausentes a nuestros ojos es abrir una puerta a los errores.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s